CRÓNICA DE UNA CRISIS ANUNCIADA

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Por Deisy Avendaño

Red Regional No + Mineras en la Patagonia

Movimiento de Afectados por Represas de Latinoamérica

 

La actual urgencia sanitaria nos pone en evidencia una situación social, que es el resultado de la privatización de todos nuestros derechos sociales, y es el resultado además de miles de casos de corrupción que encontraron una especie de puerta giratoria en la justicia. Esta última, que también es cuidadosamente armada a imagen y semejanza de los intereses empresariales y políticos de Chile, no condena ni a empresarios ni a políticos. Prueba de ello, fue el Caso Penta, donde Carlos Délano y Carlos Lavín, estuvieron 46 días en prisión preventiva, y hoy se encuentran libres, respondiendo a los mismos intereses económicos de siempre. Lo mismo ocurrió con el Caso SQM, con los fraudes de Carabineros de Chile. Todos apuntan a niveles descarados de poder, arrastrados y protegidos en su mayoría, desde la dictadura de Pinochet:

 

  • La urgencia Sanitaria visibiliza la precariedad de todos nuestros derechos: sociales, económicos, medioambientales, culturales, educacionales, todos, abusivamente mercantilizados en dictadura, con el nacimiento del sistema capitalista, y muy fuertemente resguardado por la constitución que avala el libre mercado, la privatización de todos nuestros bienes comunes y la corrupción por parte de quienes legislan. Esto se refuerza, analizando los más de 45 años de una nula democracia y de la acumulación de poder y riquezas de empresarios y políticos, llegando a unos niveles de privatización descarado, un ejemplo de ello es el agua, que lo está cerca del 100% en Chile.
  • La urgencia sanitaria ha mostrado la cara más amarga de la precarización del trabajo, en todos los ámbitos, donde, por supuesto existen grupos más afectados que otros, los independientes, por ejemplo. El gobierno nos exige como primera medida hacer cuarentena, olvidando que hay miles de trabajadoras y trabajadores que se ven obligados a salir a buscar el sustento para sus familias día a día; lavarnos las manos, pero ¿qué pasa con las personas que habitan lugares donde el agua es robada criminalmente frente a nuestras narices, y disfrazada como sequía por el gobierno y los empresarios, que volvieron un círculo viciado de comercio con un derecho que está establecido en la constitución? Según ésta la carta magna  “Toda persona tiene derecho a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, físicamente accesible y asequible para el uso personal y doméstico” 
  • La urgencia sanitaria nuevamente ha visibilizado la criminalización de los esfuerzos que realizan cientos de organizaciones sociales y territoriales, para enfrentar la pandemia, por ejemplo, persiguiendo a vecinas y vecinos que están intentando llevar alimentos a las familias más necesitadas en estos momentos, como vimos con las hortaliceras en Temuco, o la persecución a quienes levantaron ollas comunes en las comunas más afectadas con la cesantía en la capital nacional. Hay que sumarle a eso, el uso mediático con que el gobierno mantiene a la deriva a toda la población. Por un lado, los trabajadores del área de salud, no manejan las cifras oficiales para preparar un plan de contención adecuado, y por otra parte, la mayoría de la población se ve obligada en salir a trabajar y no sabe con exactitud, dónde se encuentras los mayores focos de riesgo para posibles contagios.
  • La urgencia sanitaria, sigue desenmascarando la violencia a la que se ven enfrentadas las mujeres, tanto a nivel físico como sistemático. Globalmente, han aumentado las denuncias por violencia intrafamiliar (o espacios íntimos), pero ¿qué pasa por ejemplo con las mujeres que, por diferentes factores, no pueden denunciar o no quieren hacerlo por verse vulneradas, amenazadas o desprotegidas por el sistema que libera día a día a femicidas, violadores y maltratadores? Mucho antes de la pandemia las mujeres seguíamos luchando en diferentes espacios y lugares, para generar la conquista de derechos sociales, culturales y medioambientales, siendo doblemente violentadas por el simple hecho de ser mujeres y tener que poner la cuerpa para enfrentar el capitalismo. Somos las mujeres quienes mayoritariamente llevamos el sustento y al mismo tiempo nos hacemos cargos de los críos y de las tareas del hogar. Muchas mujeres han liderado la defensa por el derecho a la vida, y cuando han logrado visibilizar la corrupción, o cuando sus acciones han amenazado los intereses empresariales, terminan asesinadas, como fue en Chile con nuestra compañera Macarena Valdés, mujer Mapuche que enfrentó con el cuerpo, la instalación de una central hidroeléctrica en río Tranguil, en la región de los Ríos. Hasta el día de hoy ni empresarios, ni políticos se han querido referir a su asesinato como tal, y muchos siguen insistiendo en un suicidio, pese a todas las pruebas que demuestran lo contrario. A nivel latinoamericano, mujeres como Berta Cáceres, mujer lenca e indígena de honduras que corrió con la misma suerte por oponerse a proyectos hidroeléctricos de su país, y por aportar en la organización del pueblo Lenca y sus luchas. Misma suerte corre Brasil, Colombia y gran parte de Latinoamérica.

 

El pasado 18 de octubre fue la gota que rebalsó el vaso, de un sistema injusto, inmoral y asesino, incapaz de ofrecer una posibilidad de vivir, por ejemplo en mejor armonía con la tierra y todas las especies que la componen: la crisis es solo un brazo del sistema, que nos mantiene inmovilizados, para seguir avanzando y destruyendo el tejido social, elemento tan importante en tiempos donde los aplastados de siempre, debemos reinventarnos con las pocas herramientas con las que contamos. Muchas personas ya están pagando los costos de la crisis que empresarios y políticos generaron.

 

Pero la crisis también nos entrega cosas positivas, nos permite replantearnos una nueva forma de vivir, entre todas las especies, reflexionar sobre nuestros niveles de consumo, de lo que realmente necesitamos, versus lo que gastamos; ha resurgido el trueque, la solidaridad con quienes están en una situación más compleja que otros, la autoeducación y la articulación de causas, de luchas, de pensamientos pese a la diversidad de nuestra sociedad.

 

Comentarios

“Para las comunidades y pueblos indígenas y campesinos, tener “recursos naturales” en su territorio, más que una bendición se convierte muchas veces en una maldición, porque despierta la ambición de las empresas que empiezan a buscar cómo adueñarse de ellos por todos los medios. Además, los pueblos y comunidades se enfrentan con que el Estado en vez de protegerlas se vuelve cómplice del despojo, y tienen que iniciar una larga lucha para defender sus derechos y su territorio.”


Red regional por una Patagonia sin mineras | Aysén | 2020