El crimen de la Vale S.A sigue impune

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Brasil unos de los países más grandes de Latinoamérica, con una población estimada en 210 millones de habitantes, y que, en la actualidad, la base de su matriz eléctrica es generada principalmente a través de energía proveniente de hidroeléctricas, cubriendo el 80% del total de la electricidad del país de esta manera, con una capacidad de más de 100 Gigawatts instalados. Ademas Brasil tiene la mitad de las hidroeléctricas existentes en toda Latinoamérica, lo que sugiere un escenario de conflictos y también de luchas.

Como en el resto del Abya Yala, entre colonizaciones, despojo, dictaduras y asesinatos, Brasil ha resistido históricamente frente a las amenazas que destruyen todas las formas posibles de vida. La resistencia de las comunidades indígenas, de las y los afro descendientes y de cada habitante de este alucinante territorio, rico en minerales, petróleo y áreas frondosas de selva aún virgen, es constantemente amenazado por la mega industria, que, a su vez, amenazan todo el continente del sur del mundo.

Los principales conflictos socioambientales que se producen, se relacionan con la extracción del petróleo, por la megaminería e hidroeléctricas, lo que ha provocado que, en los últimos 30 años diferentes movimientos sociales de carácter nacional y afectados principalmente por represas, conformaran el MAB, Movimento dos Atingidos por Barragens (Movimiento de Afectados por Represas) que posteriormente culmino en el Movimiento de Afectados por Represas en Latinoamérica MAR.

El Mar es un movimiento popular, que reúne en su actualidad a 20 país del mundo,  principalmente de Latinoamérica, siendo uno de sus principales objetivos, la organización de los habitantes afectados, antes, durante y después de los conflictos relacionados con represas, generando retroalimentación entre comunidades a través de la toma de conciencia; la organización de la lucha colectiva por la defensa de sus territorios y la conquista de derechos políticos, económicos y sociales, entendiendo que toda la población requiere de energía, y que actualmente, esta se mantiene bajo el control de las grandes transnacionales.

Hace unas semanas, en el Estado de Mina Gerais, Región de Belo Horizonte, específicamente en Brumadiño, el MAR participó en la conmemoración de un año del crimen cometido por Vale S.A, multinacional brasileña que desde 1997 se privatizó completamente, la segunda empresa más grande del mundo dedicada a la minería, a la energía siderúrgica (industria que se dedica en su totalidad al proceso de acero a partir del mineral de hierro) y petróleo.

El 25 de enero de 2019, doscientas setenta y dos personas, (11 de ellas actualmente desaparecidas) murieron en una avalancha de 13 millones de metros cúbicos de residuos tóxicos, que recorrió 11 municipios. La represa colapsada, contenía los residuos minerales de Córrego de Feijao, mina que pertenece a la Vale, quién es responsable por segunda vez, de una de las mayores catástrofes ambientales de Brasil. Anteriormente sucedió lo mismo con el poblado minero de Mariana, también perteneciente al Estado de Mina Gerais.

La flora y fauna de los alrededores es desoladora, cada especie que fue cementada por el lodo tóxico, perdió la vida. También corrió la misma suerte el río Paraopeba, principal fuente para el consumo y suministro del trabajo de los campesinos y lugareños de la Región.

Una catástrofe que pudo ser evitada, pues la empresa ocultó información relevante, que daban a conocer una posible ruptura de la presa, pese a que 4 meses antes, en una inspección de rutina los resultados fueron aceptables.

Posterior al colapso y ruptura, la investigación de los fiscales del caso, desmintieron tal afirmación, señalando que sí se ocultó información que señalaba “fallas de inseguridad”.

La mayoría de los habitantes a tenido que abandonar su hogar, sepultado en la injusticia, en las falsas promesas del mal llamado desarrollo, donde la lucha se vuelve desigual, pues la VALE S.A, es un gigante poderoso que es parte de la toma de decisiones del gobierno y por tanto de las instituciones públicas, que de cierta forma “debieran regular los criterios” para el funcionamiento de las megaempresas.

Desafortunadamente por esos días, Brasil sufrió una de las mayores inundaciones de los últimos 40 años producto de las lluvias,  lo que ha sumado más desgracias no solo para Brumadiño, sino para gran parte del país, especialmente en Estados rodeados por minería, que producto de las lluvias, han arrastrado consigo los materiales tóxicos que se encuentran en las minas instaladas en las montañas, además de los socavones y desbordes de ríos, dejando una crisis en los suministros de agua potable, colegios, hospitales y servicios gubernamentales y esto, porque además de la minería, está la deforestación, no existen muchos árboles donde hay minería, por tanto no hay contención.

Por eso, cuando nos hablan de minería sustentable, de responsabilidad empresarial, debemos recordar que el agua vale más que la vida; que antes de creer en las promesas del desarrollo, debemos pensar que para las empresas somos un número y que la tierra es materia prima, a las multinacionales sólo les interesa seguir aumentando sus ganancias invirtiendo lo menos posible.

No a la minería en la Patagonia, tercera reserva mundial de Agua Dulce.

¡Movimiento de Afectados por Represas de Latinoamérica!

 

 

Comentarios

“Para las comunidades y pueblos indígenas y campesinos, tener “recursos naturales” en su territorio, más que una bendición se convierte muchas veces en una maldición, porque despierta la ambición de las empresas que empiezan a buscar cómo adueñarse de ellos por todos los medios. Además, los pueblos y comunidades se enfrentan con que el Estado en vez de protegerlas se vuelve cómplice del despojo, y tienen que iniciar una larga lucha para defender sus derechos y su territorio.”


Red regional por una Patagonia sin mineras | Aysén | 2020